“Se puede comer bien, sano y rico”

Pormilanto

“Se puede comer bien, sano y rico”

La obesidad es un problema de las sociedades modernas, una enfermedad que cada vez tiene más pacientes y la licenciada Myriam Rocotovich plantea una manera diferente de abordarla.
Desde las emociones, empoderando a los pacientes y con una idea básica: “Uno es el motor de todos los cambios”, dice. Los resultados la avalan…

Myriam Rocotovich es Licenciada en Nutrición desde hace 30 años. Habla con la misma pasión y entusiasmo que en aquellos primeros años donde dedicarse a la nutrición tal vez no era tan común
como en estos días. Sin embargo para ella los tiempos han cambiado de tal manera que era necesario ir acompañando ese cambio y por eso decidió romper con las estructuras tradicionales de la profesión y hoy enfoca sus tratamientos desde otro lado, desde las emociones, y resaltando el verdadero motor de todos los cambios: “Uno es siempre el factor de todo lo que nos pasa”, dice convencida.

¿Fue raro decidirse por la nutrición en los comienzos de los ochenta?
-En realidad no, porque soy una convencida que la gente siempre se interesó por saber qué es lo que
le hace bien y qué no. Y en mi caso la manera de ver y hacerles ver a las personas esa disyuntiva es justamente por medio de las emociones.
Yo en mi profesión tengo un espacio que se llama “Integrando emociones” porque la realidad es que cuando a uno le afecta algo, o tiene una enfermedad, o padece de obesidad, la realidad es que cada
uno de nosotros quiere ser la mejor versión de uno mismo y el no conseguirlo no significa que esa persona no quiera, sino que no puede.
Por eso para empezar a cambiar lo primero que uno tiene que tener en claro es cuál es tu misión y no perder el rumbo…
-¿Cómo sería eso?
-Las personas somos emociones con estructuras de pensamiento. Entonces lo primero que sentís es la emoción, después lo racionalizás, por lo que la razón, justifica la emoción.
Entonces si vos trabajás desde la emoción las cosas positivas que te van abriendo posibilidades, es mucho más sencillo. Porque cuando uno tiene un problema, lo construido es peor que lo que realmente acecha. ¿Por qué? Porque vas trabajando la emoción y dentro de él va construyendo y generando mayor problema del que realmente es.
-Es un tratamiento nutricional diferente. Uno está acostumbrado a llevarse el papel con la dieta y volver a controlar el peso…
-Es mi manera de tratamiento y no solo lo aplico en los pacientes, sino que también incluyo a los profesionales de la salud. Capacito a nutricionistas desde la Asociación de Nutricionistas para que los profesionales trabajen en lo que necesita el otro. El tratamiento debe estar centrado en el otro, en lo que
quiere el otro. Yo tengo pacientes  con 150 kilos, por ejemplo, que es evidente que deben bajar de peso
y cuando entran al consultorio les pregunto. ¿Para qué venís? Por ahí eso puede sonar agresivo, pero no es así. Porque por ahí yo tengo una mirada y él tiene otra. Porque la obesidad tiene que ver con una caparazón que nos ponemos para que los demás nos respeten. En realidad tiene que ver con el adentro
y el afuera. Porque el quererse tiene mala prensa, pero la realidad es que si yo no me quiero, como le voy a pedir al otro que me quiera.
Esa es mi lucha, para que el paciente sepa qué es lo que quiere y no yo decirle lo que debe hacer.
-Y en esa capacitación ¿Cuál es la estructura o la enseñanza que se le da a los profesionales?
-Los objetivos a nivel profesional tienen que ver con capacitar al profesional para motivar. Y motivar
tiene que ver con “dar motivos”.
Cuando más posibilidades se abran, más chances vamos a tener de que el paciente pueda tomar una de ellas como para decir: “Sí, este es mi motivo”. Yo soy coach y de eso se trata, de abrir posibilidades y no decirle al otro lo que tiene que hacer. Cuando un habla de la enfermedad habla de una parte tóxica, que te acecha, y una parte sana que uno quiere volver. Esa parte tóxica que me está acechando, a su vez me da cosas que desde lo sano yo no me los estoy permitiendo.
Un ejemplo: Yo voy manejando y de repente se me prende una luz en el tablero que me dice que no tengo nafta. Ahí tengo dos caminos: voy a la estación a cargar o la evito. Si la evito: ¿qué me sucede? Básicamente quedarme sin nafta. En definitiva toda emoción trae una información, por eso es
importante no reprimirla.
-Al profesional se le enseña a brindarle justamente esas herramientas. ¿Y Al paciente?
-Ellos tienen que tener motivos. Tienen que ser los protagonistas de su cambio. Porque ellos generalmente cuando llegan se victimizan. En obesidad, diabetes, siempre se ponen en víctima. Cuando uno los corre de ese lugar, cuando los ponés en ser los protagonistas de su ansiado cambio, entonces se produce lo que se busca.
-¿Esta manera de trabajar la aprendió en aquellos años de Facultad?
-No, esto no es de siempre. Hace al menos cinco años que trabajo de esta manera y los cambios son evidentes. Por ejemplo cuando vuelve un paciente que subió otra vez de peso, nunca llegan con el sobrepeso inicial. Es como que en un momento de su vida diaria, se les encendió la luz y vuelven y me dicen: “me desequilibré”. Entonces ahí les pregunté “¿Qué querés?”. Nunca se trabaja el ¿por qué? Porque se cierran posibilidades. Lo que se trabaja es el “qué”, “cómo lo quiero”, “para qué”.

-¿Hay un factor que genere la obesidad?
-En realidad es multifactorial, es una enfermedad multifactorial. ¿Qué es la obesidad? Eso es bueno de aclarar porque todo el mundo hoy está con el cálculo de índice de masa corporal. Este índice te relaciona el peso sobre la talla al cuadrado. Esto sirve para una comunidad, para diagnosticar a mucha gente como están más o menos. Pero la realidad es que el cuerpo tiene seis compartimentos: masa grasa, masa muscular, hueso, vísceras, piel y agua. Entonces cuando yo tengo obesidad eso estaría
determinado en el porcentaje de grasa corporal, no de músculos.
Un nadador, por ejemplo, si hace el cálculo de índice de masa corporal da alto, pero de músculos y el músculo no se adelgaza. Por eso hoy hay todo un espejismo de lo estético que se trabaja con estas dietas de moda, estructuradas, donde uno no se puede permitir nada y la vida no es eso. No es prohibición…
Hay una falsa tendencia al cuerpo perfecto que es un error tremendo.
-Los medios, la televisión, las “falsas” dietas. ¿Han influido en el crecimiento de la obesidad?
-Le han hecho daño al ser humano. El impacto mediático de esas dietas, el consumo de alimentos que no hacen bien, le han hecho muy mal al ser humano. Hay que comer, es mentira que sin comer es lo ideal para bajar de peso.
Porque cuando llega la noche me devoro todo. Vos tenés que darte el espacio para comer, no llegar al
ataque de hambre. Nosotros somos animales racionales y es esa la diferencia que tenemos que hacer.
Tenemos tres sistemas representacionales: visual, auditivo y quinestésico, y dentro de este está el olfativo y el gustativo. ¿Qué es visual? Yo lo veo, cuando lo veo estimula mi cerebro. Entonces la idea sería: si yo veo la comida con hambre, quiero comerme todo lo que encuentro.
Entonces antes de sentarme a comer tengo que medir la porción que me corresponde para comer lo que necesito. Ordenarme para saber lo que quiero para saciar mi hambre…
-Si tuviera que definir el significado o el sentido del tratamiento ¿Cómo lo describiría?
-El tratamiento se basa en mirar al paciente y empoderarlo, a diferencia de que sea víctima de lo que yo creo que él necesita. Todos dicen: “Hacé esto”. Error. Yo te doy las herramientas, te enseño lo que tenés que comer, cuando, como…
Te doy motivos, ese es mi plan. En el mismo desarrollé un taller que se llama “Como, como”. Este tiene
que ver con la emociones en cuanto a elegir y como armar mi plato.
Porque cuando uno hace dieta, la del tomate y la lechuga, se termina en un alfajor. Lo que yo intento es
enseñar a comer saludable, que no significa comer horrible. Darle sabor a la comida, sin aderezos, más
con aromáticos…Porque se puede comer sano, bien y rico.
-¿Cómo estamos hoy en Argentina en lo que a obesidad se refiere?
-El problema más serio son los chicos. El 60 por ciento de los chicos en Argentina son obesos o tiene sobrepeso. ¿Por qué? Poco tiempo de la familia para sentarse a comer. Toman la comida como un trámite. Es más rápido comer una hamburguesa que pelar una papa. El otro factor es cuando los chicos a los dos o tres años empiezan a condicionar su carácter y se empiezan a diferenciar de los padres. Entonces dicen: “No me gusta”. Y si vos te quedás con el “no me gusta” a la tercera vez le doy lo que él quiere y termina comiendo siempre lo mismo. Y el otro factor es el no me muevo. Hoy todo es computadora, celulares… Hay que enseñarle a los chicos a relacionarse con el otro, a hacer deportes…
Hay que corregir esos estilos de vida, darse tiempo para comer y se soluciona el problema.

La licenciada no descansa, está activa siempre y pensando las maneras de seguir dando pelea contra la obesidad y los métodos antiguos que poco resultado han dado. Por eso el 2018 ya le plantea un nuevo desafío.
“Para el año que viene el proyecto que tenemos es abrir cursos en el Círculo Médico de Matanza. Yo estoy dando cursos a Profesionales de todo el país, doy cursos en la Asociación Argentina de  Nutricionista y entreno a los profesionales nutricionistas en este tipo de disciplinas. En el Círculo tengo dos alternativas: una abrir un taller del “Como, como” para el público en general y la otra sería también tener cursos para los profesionales. Estamos evaluando pero sería un hermoso desafío”.

Textos: Sebastián Sanchi // Fotografía: Daniela Pafundi.

About the author

milanto administrator